Control central
Agrupa iluminación, persianas y climatización bajo una sola lógica de operación. Sirve cuando se quiere una referencia común para toda la casa en lugar de mandos separados por habitación. La decisión de fondo es cuántos espacios entran en ese control y cuáles se dejan fuera por rutina o por instalación existente.
Iluminación automatizada
Se define por zonas y por momentos del día: lo que se enciende al despertar, lo que acompaña el trabajo en casa, lo que queda tenue por la noche. En pasillos y áreas comunes los sensores permiten que la luz siga el movimiento sin encenderse de más. El alcance depende de los circuitos existentes y de cuánta obra se quiera evitar.
Persianas
Responden a la luz solar y al calor que entra por los ventanales. En zonas de clima cálido, como el norte del país, la programación se plantea para anticiparse a las horas de mayor incidencia en lugar de reaccionar cuando la temperatura ya subió. Se ajusta por orientación de cada ventana y por el uso real de cada cuarto.
Climatización
Se vincula a los mismos escenarios que la iluminación y las persianas, de modo que la temperatura acompañe la actividad sin ajustes manuales constantes. Los sensores de presencia ayudan a no enfriar o calentar habitaciones vacías. La configuración parte de los equipos ya instalados y de los hábitos de quienes viven el espacio.
Sensores
De presencia, de temperatura y de luz. Son la parte que permite que el sistema reaccione al estado real del inmueble y no solo a un horario fijo. Su ubicación se decide después de recorrer la vivienda y entender qué zonas conviene que respondan solas y cuáles no.
Escenarios personalizados
Se arman a partir de combinaciones concretas: una para la mañana, otra para trabajar, otra para descansar. No vienen predefinidos ni se imponen desde un catálogo. Se explican al final del proyecto para que los residentes puedan modificarlos o crear nuevos por su cuenta cuando cambie la rutina.